Te descubro, me adentro en tus caminos y voy a pintarte con mis labios, con la voz que sale de mi garganta y las palabras que dibujan mis manos en el papel, o mejor aún, en el teclado. Tomaré el acento y aspiraciones, que puedo compartir o no, de mis amigos, para pintarte con los matices que hacen única tu belleza.

Junto a la mar que baña mi ciudad me embriago de ti, para llevarte a las letras tal y como te vez, como te sientes, como te sueño (y sueñan los que te quieren bien), como desde la imperfección propia de los mortales sigues abriendo paso a la luz.

Así, humedecido por las gotas que bajan en este instante desde el cielo y bañado por el aroma de sal que llega desde el Guacanayabo, nace el primer soplo de esta brisa de ideas en libertad, que llega a ti, a mí, a todos, para respirar esperanza y edificar el futuro.

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