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La Isla descansaba. De súbito, una luz de estrella iluminó los rostros. La tierra mambisa despertó redimida. El poder de unos jóvenes barbudos y un pueblo rebelde provocó la fuga del tirano, temeroso de la estirpe redentora de Cuba.

Con la alborada llegó el triunfo. Y el dolor se aquietó, mientras besos, abrazos y gritos de alegría celebraron la victoria. Recintos, balcones y aceras se cubrieron de rosas. El primero de enero de 1959 rompió definitivamente la cadena. Seguir leyendo “El triunfo de estrella solitaria”